¿Cómo puede tener un creyente seguridad de su salvación?

La seguridad de la salvación es algo con lo que muchos creyentes luchan. La Biblia ordena que Cristianos se examinen y que se aseguren que estén verdaderamente en la fe, para asegurarse que no se estén engañando al pensar que están de verdad salvados, cuando en realidad no lo están. Pablo dice, “Examínense ustedes mismos para ver si están firmes en la fe; pruébense a sí mismos. ¿No se dan cuenta de que Jesucristo está en ustedes? ¡A menos que fracasen en la prueba!” (2 Corintios 13:5) Y Pedro dice, “Por lo tanto, hermanos, esfuércense más todavía, para asegurarse del llamado de Dios, que fue quien los eligió. Si lo hacen, no caerán jamás” (2 Pedro 1:10).

La pregunta sobre lo que constituye las señales de la fe verdadera que salva no es tan común hoy en día como debería serlo, aunque ha sido cuestionada muy seguido en el pasado. Por ejemplo, entre 1725 y 1750 durante la primera gran etapa en los Estados Unidos de “Despertamiento” en la que muchos Americanos “abrieron los ojos”, muchas personas respondieron a la predicación de los Teólogos poderosos tal como Jonathan Edwards y George Whitefield. Aun así, después de aproximadamente seis años, críticos alegaron que no hubo nada real de este “Despertamiento” porque muchas personas que decían haber sido convertidas no demostraban evidencia de ello.

Para responderles a los críticos de este “Despertamiento”, Jonathan Edwards (quizás una de las personas más perspicaz en la Historia Americana) se puso a escribir su famoso “Un Tratado Sobre Afectos Religiosos” (A Treatise Concerning Religious Affections) que resumía sus pensamientos sobre distinguir la verdadera condición espiritual de una persona que declaraba ser un Cristiano.

Edwards comenzó su obra diciendo: “No existe pregunta que sea de mayor importancia para el ser humano y que preocupe más a un individuo, que esta: ¿Cuáles son los requisitos para aquellos que reciben el favor de Dios y recibir el derecho a su eterna recompensa?

La Biblia y la obra de Edwards bien dicen que ser un verdadero creyente requiere más que solamente firmar un papel, caminar por el pasillo, ser bautizado y practicar actividades religiosas. Entonces, ¿de qué consta una experiencia verdadera de salvación?

Primero, que exista un reconocimiento personal de su propio pecado, la voluntad de arrepentirse del pecado, y rendirse a la verdad de las Escrituras que dicen “Cree en Jesucristo nuestro Señor y serás salvado” (Hechos 16:31) y “Todos quien invoquen el nombre del Señor serán salvados” (Joel 2:32). Una persona que ha hecho esto ha nacido de nuevo (Juan 3:3) y es regenerada por el Espíritu Santo (Juan 3:5) para no rechazar nuevamente el camino de Dios.

Dos partes de evidencia vendrán con esta experiencia genuina de salvación: (1) Afectos piadosos que (2) producen un fruto piadoso. Sobre el primero, Edwards dice, “La religión verdadera, en gran parte, consiste en afectos santos.” Es decir, quien cree en Cristo tiene un nuevo deseo que no tenía antes. La nueva creación en Cristo (2 Corintios 5:17) tiene nuevos afectos y hambre genuina de comida espiritual.

Estos nuevos afectos entonces se muestran en la vida del creyente en alguna manera. Santiago pregunta, “Hermanos míos, ¿de qué sirve a uno alegar que tiene fe, si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarlo esa fe? (Santiago 2:14) La respuesta que Santiago busca es, “No”. Fe verdadera que salva, se manifestará en la vida de uno. Como dijo una vez un Teólogo, “Estamos salvados solo por la fe, pero la fe que salva no está sola”

Edwards lo dice así: “La evidencia principal de vida es el movimiento; entonces la evidencia principal de la gracia que salva es el movimiento santo.” Lo que quiere decir es que puedes ver que alguien está físicamente vivo por el hecho que puede respirar, moverse, y actuar. Igual, puedes ver que alguien está espiritualmente vivo por su movimiento hacia las cosas de Dios y el fruto espiritual que brota. Jesús dijo, “Al árbol se le reconoce por su fruto” (Mateo 12:33).

Esto quiere decir que un Cristiano verdadero no batallará con el pecado? Para nada. Pablo lo dice muy claramente en Romanos 7 donde nos describe su batalla con su vieja condición. Aún así, mientras batallas con un hábito pecaminoso en la vida que se espera de un Cristiano, vivir cómodamente con ese hábito pecaminoso y creer que no lo es, no debe ser.

No necesitamos cuestionarnos si hemos sido salvados. Podemos tener la certeza de la salvación. Aceptar la voluntad de Cristo será seguida por afecciones santas que consecuentemente se manifestarán en una nueva vida espiritual. Si percibes estos sucesos, entonces Dios te esta diciendo por medio de tu vida y su Palabra “Estas cosas les he escrito a ustedes, que creen en el nombre del Hijo de Dios, para que sepan que tienen vida eterna” (1 Juan 5:13).



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